SAN VICENTE. Carga un machete para el campo y un papel para la nueva canción.

Ruta del Agua. SIETE.

Fue su costumbre: Al lado de la herramienta con la que rompía la tierra para cultivar arracache, cargaba un cuaderno y un lápiz. La inspiración  le llegaba en el momento menos esperado. Luego en casa, guitarra en mano, le daba rienda suelta a una nueva canción.

Entonces, por ese ritual de campesino, nació la música con la que ha explorado otras tierras ajenas a la suya, al punto de no saber definirse entre un agricultor que canta, o un músico  que cultiva la tierra.

O las dos, porque es don Francisco Benavides Blanco, otro producto que da su tierra, la de San Carlos, donde los músicos pululan por cada rincón. Y de ellos llenamos nuestro recorrido por esta zona norte de Costa Rica, hasta su orilla de Los Chiles…

Entonces nacieron sus canciones. Compuso el himno de San Vicente, y otros temas que cantó apasionadamente frente al equipo de VIDA FM y a orillas de un paisaje de se desliza infinitamente entre fincas, cultivos, bruma, y el inmenso Parque del Agua, que merece capítulo aparte en este trabajo DE FRONTERA A FRONTERA. (Vea abajo entrevista completa y escuche sus canciones)

De hecho, y en honor a la belleza, el pueblito de San Vicente, a pocos kilómetros de Ciudad Quesada, incrustado como una joya en lo alto de la montaña, merece otro capítulo de honor, porque es lo más cercano al pueblo soñado…al rincón del paraíso.

Pues en parque diminuto del pueblo, desde donde se ve buena parte de las praderas, don Francisco llenó el ambiente frí con su música. Es fácil pensar que su voz fue como un trueno porque en un pueblo tan pequeño, el trinar de la guitarra es suficiente…

San vicente tiene tres calles, una de ellas adoquinada.  Como si fueran de muñecas, sus casas se adornan de flores, casi siempre hortensias y se notan chineadas como si tuvieran una visita permanente.

Por esas calles se fugaron las canciones de don Francisco , el mismo hombre que guitarra en mano integró grupos de la época del chiquichiqui, y vivió los 80s con la fuerza de la juventud.

Pero de San Vicente no quiere salir nunca mas. “Aquí quedaran mis huesos”. Bueno, ¿en qué otro bello lugar del mundo a uno  le gustaría dejar sus huesos, si no en el paraíso?.

Aquí, según nos dice,  “cuesta ver alguien discutiendo”. Se respira una paz, tan cotidiana como la neblina,

Nos cuenta que antes, cuando la juventud aun se enamoraba ciegamente del campo, de la parcela del papá o el abuelo, se veía mas cultivos en la region. Hoy es distinto. Los cultivos son escasos y el ganado ha conquistado su terreno.

Es que los muchachos de hoy ya tienen otros sueños, lejos del campo. Su queja no solo es suya.

Al menos tiene una guitarra y un talento para cantarlo.

LA ENTREVISTA CON DON FRANCISCO BENAVIDES BLANCO

 

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