SANTA CLARA. (Señas) Una mujer y un plan para romper el silencio…

RUTA DEL AGUA. Siete.

 

Los mensajes que le envían las mamás de los sordos a Stephanie Jara no  tienen precio. Ella lo dice con la emoción que le produce los logros de su trabajo: Ha cambiado la vida de personas que, muchas de ellas, vivían aisladas en su silencio…

Las ha impactado sin ruidos…

Es el resultado de un proyecto del TEC en Santa Clara, que nació en la cabeza de un sordo (Eduardo Gómez) que un día llegó con su propuesta a esa institución, quizás sin calcular que su criatura iba a impactar de semejante manera a una población históricamente olvidada.

Y en silencio…

Y su propuesta llegó a manos de una mujer que desde los 12 años tiene el lenguaje de señas como su segunda lengua. Por eso, Stephanie se entregó a este proyecto con alma, piel y huesos, porque para ella esto significaba sumar una pasión suya con un trabajo educativo…

Hoy los sordos (20 en principio) no solo aprenden sobre turismo rural, sino que sus vidas dieron un vuelco total, ya vuelven a mirar su entorno, a enamorarse, a llagar sonriendo a las clases…A vivir esta vida que también les pertenece.

Además, están impactando la economía de San Carlos, porque  a ellos se encadena unos ingresos especiales (taxistas, restaurantes…) que caen bien en una economía local que «a veces bien,a veces mal…»

Stephani cuenta que al comienzo la lucha fue intensa para buscar esa población diseminada en esa región del norte de Costa Rica. Así que conquistaron las familias y luego lograron atraer estudiantes de Los Chiles, Upala, San Carlos y Sarapiquí

¿CÓMO ENSEÑARLES…?

 No solo Stephani enseña. Han sumado unos profesores que antes no tenían idea de cómo enseñar a personas que tienen una forma especial de ser, de aprender, de comportarse.

Como dice el profesor Daniel Pérez,»fue como cambiar todo el chip». Hoy describe que al comenzar las clases son unos profesores, y al terminar, son otros. Les cambia la vida radicalmente.

Sabían todos los profesores que no sería fácil pues los sordos son directos, son sinceros, y si algo no les gusta se paran de sus sillas y se van. Los  sordos  son grandes amigos y lo son para siempre, como dice Stephani. Pero al final son como todos, se ríen, preguntan, molestan…

Su silencio no los hace diferentes. Sólo que aprenden diferente.

Y esa forma de ser les ha cambiado la vida a Stephani y todos los educadores, demostrando todos los días que no hay barreras.

El profesor Daniel, sin ocultar los nervios que esta experiencia le provoca, dice que ya es otra persona. Los hace más sensibles y les hace  cambiar su criterio de «la forma como ciertas personas aprenden».

Y hoy ruegan que lo que están desarrollando en Santa Clara se riegue por todo el país, porque están seguros que esto que ocurre hoy en el TEC terminará impactando el sistema universitario.

Y después de verlos en su aula, de haber compartido cinco minutos con ellos, nos dejaron la impresión de que este proyecto muy pronto tendrá eco en todo el país…

Ojalá  y así sea…

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