¿HA LLORADO EN PANDEMIA? …Y QUÉ!

Se vale. Lo que dicen expertos sobre perder el control. Aquí algunas claves para el desahogo.

Tomado The New York Times 

En una entrevista con Fabián Zolo se me quebró la voz recordando un episodio en los comienzos de mi carrera profesional. Nunca me había pasado. Ahí, pasé tragos de saliva  y sentí los ojos inundados. Tomé aire y seguí contando mi historia ante la mirada solidaria del entrevistador.

Y no he dejado de pensar en eso. Qué pasó con la supuesta dureza en mi corazón. Aquello de “no soy de lágrima fácil”.

Y he culpado a la pandemia.

Como la mitad de las cosas que seguramente nos suceden hoy, es culpa del Covid 19. Si no lo es, seguramente ablandó el camino para que pasara.

Y luego encontré este artículo de The New York Times y encontré más respuestas. Con seguridad la sensibilidad ahora es real, frente al encierro, frente a la ausencia de los abrazos, frente a la persona que veo al espejo, frente al reto de salir con vida y sin angustias de esta emergencia mundial.

Por eso la pregunta del titular. ¿Ha llorado?


En ese artículo, una antropóloga cuenta que lloró porque no encontró en la calle las flores que compraba todos los días.

Legó a casa, “pero después me puse a hornear pan y me desmoroné por completo. Pensé: ‘Me siento muy tonta por ponerme a llorar a causa de unas flores’”. Desde luego, no era por las flores. Era por todo lo que ocurría en su vida… y en la de todos nosotros.

Agrega:

El llanto ocasional quizá tenga verdaderos beneficios. Además, algunos expertos dicen que está bien consentirnos de vez en cuando con un helado, relajarnos contándonos chismes en una llamada de Zoom con nuestros mejores amigos o permitirnos aullarle a la Luna si eso nos hace sentir bien. Si has estado esperando que te den permiso para sentarte y llorar, aquí está: tienes permitido perder el control por completo. A continuación, algunas opciones para “desahogarse”.

Llora si quieres


“Llorar puede ser muy catártico porque, cuando lo haces, inhalas profundamente”, dijo Lisa Feldman Barrett, profesora de psicología de la Northeastern University y autora de How Emotions Are Made(Cómo se hacen las emociones). Agregó que ahogarse entre sollozos muy probablemente aumenta la actividad en el sistema nervioso parasimpático, lo cual ayuda a calmarnos.

Simplemente deja que las lágrimas fluyan. “Llorar durante períodos más largos se relaciona con la liberación de algunos neuroquímicos que pueden hacerte sentir mejor, como opioides endógenos”, comentó.

En 2008, Bylsma fue coautora de un artículo publicado en The Journal of Social and Clinical Psychology que revisó 5000 llantos recientes. La mayoría de los sujetos de estudio dijeron que se sintieron mejor tras llorar. Sin embargo, los que sintieron vergüenza o incomodidad (quizá porque estaban llorando en un entorno sin apoyo, como una oficina) dijeron haberse sentido peor después de hacerlo. Quienes recibieron apoyo emocional mientras lloraban se sintieron mejor después.

Come si quieres

Cuando estás estresado, tu cerebro necesita glucosa para alimentar las neuronas que te mantienen alerta, dijo Amy Reichelt, científica investigadora del Instituto de Investigación Robarts en la Universidad de Ontario Occidental en London, Ontario. Esto se debe a que nuestros cerebros en realidad no saben si lo que estamos sintiendo es el estrés de una pandemia global o un león acechante del que debemos escapar.

Más allá de solo satisfacer las demandas de glucosa de nuestro cerebro, los bocadillos en realidad pueden hacerte sentir mejor.

Grita si quieres (pero por lo positivo)

“No hay una investigación a largo plazo que demuestre ningún resultado positivo duradero de gritar”, comentó. Ni tus vecinos ni tus cuerdas vocales ven muchos beneficios a corto plazo tampoco.

¿Qué podría hacerte sentir mejor? Gritar o vitorear con tus vecinos para expresar su apoyo a los trabajadores del sector salud. Kassinove dijo que había muchas investigaciones que demostraban que apoyar a los demás nos hace sentir muy bien. (¿Y a quién no le gusta dar un buen grito a todo pulmón?).

 

Quéjate si quieres

La necesidad de llamar a tu mejor amigo cuando tocaste fondo es productiva, dijo Kathryn Ford, una psicoterapeuta que vive en Menlo Park, California. “Las investigaciones demuestran que el contacto con un amigo de confianza disminuye nuestros niveles de respuesta con estrés en situaciones estresantes”, comentó.

“A la parte de nuestro sistema que manda una señal de peligro no le gusta estar sola”, comentó. Puesto que evolucionamos como una especie altamente social, comunicarnos con un amigo también puede ayudar a activar los mismos canales de recompensa en el cerebro que estimula el chocolate, dijo Ford.

Para aprovechar al máximo tus sesiones de Zoom, explora tu lista de contactos hasta que encuentres a alguien en quien confías.

Solo recuéstate en el suelo y mira el techo

A veces lo que necesitas es no hacer nada. “Debemos tener momentos en los que no nos presionemos para lograr nada. Está bien desconectarse sin tener que estar dormido”, dijo Ford. Aunque eso parezca un ejercicio de holgazanería, a menudo es una gran oportunidad para desenredar tus emociones.

Al parecer, a Johnston-Zimmerman le funcionó llorar. Un día antes de su colapso, había descrito su humor como “depresivo”. Después ocurrió lo de las flores y las lágrimas en la cocina. Más tarde esa noche, anotó en su libreta que se sentía “mejor”. El día siguiente fue “fantástico,” y, después, “optimista”.

“Me hacía mucha falta llorar”, concluyó.


En VIDA FM hicimos esta consulta a la sicóloga Paola Vargas (www.paolavargaspsicología.com) sobre esas reacciones que nos merecemos para enfrentar la cuarentena. Su opinión:

LEA ARTÍCULO COMPLETO DE THE NEW YORK TIMES:

https://www.nytimes.com/es/2020/05/13/espanol/estilos-de-vida/perder-el-control-virus.html?campaign_id=42&emc=edit_bn_20201106&instance_id=23855&nl=el-times&regi_id=74597501&segment_id=43723&te=1&user_id=3940d3199637fd7e813beea7d9c9d3fb

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