TURRIALBA. Una vía hacia el Caribe y la historia de un coleccionista de recuerdos.

Ruta del Caribe. CUATRO.

Esta foto es el recuerdo de un mal recuerdo. Está colgada en una pared como testigo de un episodio que es una historia para contar. Testigo además de lo que a través de los años ha acumulado en la memoria del pueblo un hombre y sus archivos: Manuel Gerardo Mora. Un hombre, un pueblo y su historia en negativos.

Y más abajo les contamos por qué, además,  este hombre amable colecciona recuerdos. Es posiblemente la colección más grande de cámaras fotográficas. Posiblemente la más grande en Costa Rica...

Por eso esta crónica debimos construirla en sepia. Con suspiros colgados de las mismas paredes, o con el color de las cajitas donde están todos esos recuerdos de Manuel Gerardo, que los guarda como tesoro en el segundo piso de Fotos Mora, abajo de la iglesia de Turrialba, en pleno corazón comercial del pueblo.

COMPARTIMOS ENTREVISTA COMPLETA CON DON MANUEL GERARDO MORA EN MEDIO DE SU REFUGIO DE LA MEMORIA

Las hay de todos los colores. Y si son de colores, son las más actuales. Porque las cámaras fotográficas de antaño, las que registraron historias en blanco y negro, son grises y negras. Plateadas y de formas simples. Y hay otras…

Todas estas cámaras tienen su propia historia. Y don Manuel Gerado les ha guardado su propio sitio:

Aquí, don Manuel Gerardo y su pantógrafo:

El la ruta hacia el Caribe, la cuarta de nuestro proyecto “De Frontera a Frontera, Costa Rica en Positivo”, escogimos la vía por Turrialba como puerta de entrada. Y fue prodigioso. Porque llegamos a un rincón  de Costa Rica que nos gritó que todos los pueblos tienen una memoria. En algún lugar, en alguna esquina…una colección de recuerdos.

LA RUTA

Y para viajar de San José a Turrialba escogimos la vía por Pacayas, arriba de Cartago, por una carretera en buen estado.

Este es el marco más o menos permanente de la ruta que va de Cartago a Turrialba, buscando a Pacayas, rascándole la espalda al volcán .Corrales de piedra, de un semblante de novela de época.

Contrates entre le firmeza de sus cercas y la vigilancia de sembrados de buganvilias. Y gente que dice adiós con la mano y sonríe. Siempre sonríe.

Por eso no sorprende en en algún restaurante en carretera tengan una colección de pájaros. Aves exóticas…esa es la naturaleza.

Era una especie de anuncio de la tierra que nos esperaba. Exótica y fascinante. Una aventura fantástica de la que habrá mucho por contar…

 

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